jueves, 25 de octubre de 2018

Capítulo 03

Obra registrada en Safe Creative. Por favor abstenerse de copiar y/o plagiar esta historia.






Me encontraba tumbado observando el cielo ¿Qué había pasado? 
Seguía mirando mi entorno, sin reconocer nada y sin saber qué demonios era aquél lugar. 
El cielo sobre mi era de un color rojizo, bastante intenso y siniestro, provocándome un par de escalofríos. Todo aquello sería totalmente normal de saber cómo demonios había llegado allí para empezar. 
Mi último recuerdo era estar entrando a casa, cuando por alguna razón había perdido el conocimiento y ahora me encontraba en aquel sitio con olor a podredumbre. 
No había estado muy consciente de que estaba tirado en el suelo hasta que me incorporé, apoyando las manos sobre una superficie bastante parecida al asfalto. Noté algo viscoso que se adhería a las palmas de mis manos. Me costó un momento ser capaz de reconocer lo que tocaba. 
Me puse en pie e inmediatamente comencé a hacerme un chequeo rápido en busca de heridas. Nada. La sangre no era mía. Aquello me dejaba un mal sabor de boca. 
Comencé a inspeccionar a  alrededor, en busca de un animal o alguna persona herida, pero al hacerlo fui consciente de otras cosas que no había podido notar antes con mi cabeza aturdida como estaba. 
La sangre llegaba hasta mí como un pequeño riachuelo a través del asfalto, lo que no era tan perturbador como ver  la fuente de ese pequeño río a escasos metros de donde me encontraba. El hedor pútrido que sentí antes cobraba sentido ahora. 
–Esto debe ser una jodida broma –murmuré cubriéndome los labios, en un intento por evitar las náuseas–. Una jodida y muy mala broma. 
A poco más de diez metros, justo donde comenzaban una serie de edificios y casas a medio destruir, se hallaba una pila de cadáveres en muy mal estado. De allí manaba la sangre que estaba impregnada en mis manos. 
–¿Qué demonios? –me dije en un susurro, mientras giraba sobre mi cuerpo en busca de alguna explicación lógica para todo aquello. 
Pero donde sea que mirase había caos y destrucción. Parecía el escenario de una película post-apocalíptica. 
Aquel debía ser un sueño, un mal sueño lúcido. 
“Sí, eso debe ser”, intenté convencerme, cerrando los ojos para no ver más y regresar a la realidad. A casa. 
Pensar de esa forma me trajo un poco de calma temporal, pero no podía salir de ese sueño por muy consciente que fuera. 
A lo lejos comencé a oír risas y murmullos, ocultos entre las ruinas de las casas y edificios a medio destruir. 
¡¿Quién anda ahí?! –grité, en busca de alguna persona que no estuviese muerta y pudiera explicarme qué demonios era lo que estaba ocurriendo. 
Pero la única respuesta que recibí fueron el eco de unos pasos a mi espalda y el sonido de metal al ser arrastrado, sumado al silencio repentino de las risas que había oído en las ruinas de aquella ciudad. 
Pánico, ese fue el sentimiento que me abordó al darme cuenta que los pasos se oían cada vez más cerca. Mis instintos gritaban peligro, mientras un sudor frío recorría mi espalda. 
“Voltea. Tienes que hacerlo, Aarón. No seas cobarde”me decía a mí mismo en un intento por salir de la parálisis que había adoptado mi cuerpo. Pero luego de un minuto este comenzó a reaccionar, haciéndome girar lentamente hacia los estruendosos pasos. Me arrepentí automáticamente de ello. 
Los pasos provenían de una… criatura –no sabía exactamente cómo llamarle a eso–, por encima de los dos metros de altura avanzando en mi dirección mientras cargaba un cuerpo sin vida sobre su hombro. Su rostro tenía la mitad derecha totalmente destrozada, rebosante de gusanos. Le faltaba un ojo y poseía un par de cuernos a la altura de lo que debían ser sus orejas, aunque el derecho estaba roto y el otro apuntaba directamente al cielo. Su cuerpo estaba cubierto de cicatrices, e incluso tenía una cola de caballo al igual que el resto de sus miembros inferiores. 
La criatura lanzó el cuerpo sin vida sobre la pila de cadáveres y siguió aproximándose lentamente, arrastrando en una de sus manos un pedazo de asfalto y metal. 
“Esperen, ¿qué mierda? ¿Aquello era una vía de tren? Oh, mierda. Estoy tan muerto”. 
Comencé a alejarme lentamente de la criatura, en busca de una ruta de escape a  alrededor, cuando fui consciente de la pluma blanca que caía frente a mis ojos. 
La criatura alzó su rostro al cielo, al igual que yo, donde un montón de aquellas plumas parecían flotar en el aire, cayendo lentamente entre nosotros. 
–¡¡GRUUUUUUU!! 
Con un gruñido gutural alzó fácil y veloz la vía de tren, como si se tratase de una simple espada, justo a tiempo para evitar el golpe de un haz de luz entre plateado y negro que cayó de algún sitio en el cielo, dividiendo a su paso las hermosas plumas por la mitad. 
El haz de luz golpeó con fuerza la ingeniosa espada del monstruo, rebotando y cayendo casi a mi lado. Se trataba de una colosal Hoz* de metal oscuro, de la cual sobresaltada su filo plateado y se me hacía bastante conocida. 
–Tsk. Sabía que no podía ser tan simple. 
Esa voz, ¿dónde la había oído antes? 
Como un destello blanco apareció frente a mí una silueta de larga cabellera negra. Era el Ángel. 
–No es considerado un alago entre los Ellums el ser llamados “Ángel”, más bien se considera un insulto –explicó sin voltear siquiera a verme–. No entiendo por qué los Manneanos insisten en llamarnos de esa forma. 
¿Manneanos? Aquella palabra había llamado mi atención, pero no era el mejor momento para preguntar nada. 
Cuando ella por fin se decidió a mirar en mi dirección, pude apreciar en su rostro una fría expresión. Por alguna razón estaba aliviado de que estuviera allí. Pero, ¿aquello no significaba que todo lo ocurrido en el hospital fue real?, ¿no significaba que lo que estaba ocurriendo en este momento también lo era? 
Con un escalofrío recorriendo mi columna me concentré en el Ellum, quien volvía a darle toda su atención a la criatura frente a nosotros. 
–Bravo, Ageano. Lograste evitar el impacto –elogió ella en voz alta y clara, alzando fácil la gigantesca hoz y tomando para sí la atención de la criatura, quien la miraba inmóvil entre gruñidos y alaridos–. Ahora pregunto: ¿Podrás sobrevivir al resto de mis ataques? 
Al mismo tiempo desplegó sus alas ampliamente y ajustó su hoz al cuerpo. La luz emitida por aquel cielo carmesí le daba un tono rojizo a sus ojos negros, helando mi sangre. Era tan aterradoramente hermosa que me era imposible apartar la vista de ella. 
Un verdadero ángel de la muerte, pensé mientras las plumas de sus alas continuaban inundando como los copos de nieve todo a su alrededor. La criatura gimió con fuerza, y aquella fue la señal para que ella arremetiera a toda velocidad, evadiendo diestramente los ataques de su oponente y lanzando su primer golpe. La bestia reaccionó rápido, escabulléndose también del ataque de la chica, y arrojando otro golpe directo a su cuerpo. Pero ella fue más rápida se cubrió con su hoz, aprovechando a su vez que él demonio intentaba embestir la para cortar su brazo. 
Era como si estuvieran bailando una especie de Valls de la muerte. Pero no se detuvo allí. Sin dudarlo ni un segundo ella saltó, impulsada por sus alas, hasta caer sobre la criatura, quien se cubrió con su improvisada arma. El impacto hizo a la chica retroceder, pero esta se mantuvo en el aire, observando a la bestia gemir de dolor por la pérdida de su brazo. 
A estas alturas, yo me encontraba completamente atónito. Ella era realmente un ángel, un ángel de la muerte que luchaba por llevarse el alma de aquel monstruo ante nosotros. 
–El Ageano que ves aquí es solo un cascarón vacío –explicó la chica, aún suspendida en el aire–. El que tienes en tu interior es al que deberías tener realmente. 
¿Entonces, esa era la razón por la que quería acabar conmigo?, me pregunté. ¿No podía con el monstruo dentro de mí si luchaban como lo estaba haciendo ahora? 
Lo siento, Ageano –anunció la chica, llamando su atención–. Esta vez acabaré con tu corrupción. 
Sostuvo aún con más fuerza su arma, mientras la criatura alzaba la suya apuntando al cielo. Ambos arremetieron uno contra el otro al mismo tiempo. Destellos de luz escapaban del choque de sus armas, sin que ninguno de ellos quisiera ceder. Pero por desgracia para el monstruo medio minuto más tarde desprotegió su cuerpo, dándole la oportunidad a su rival de partirlo por la mitad, cayendo irónicamente sobre la pila de cadáveres que él había levantado. 
La “sangre” de la criatura, un líquido oscuro y viscoso como el alquitrán, bañaba el lugar donde este había caído. Pero para mi sorpresa de un momento a otro su cuerpo comenzó a descomponerse a una velocidad vertiginosa. El único rastro que quedó de él y de su caída fue aquella extraña sangre. 
El Ellum caminó hasta , evaluándome por completo. Asintió antes de decir: 
–Pareces estar bien. 
–Lo estoy. 
Aunque aún estaba intentando comprender que mierda había pasado. 
Ella se aproximó hasta detenerse justo frente a mí. 
–Al parecer no estas mintiendo –afirmó posando sus ojos oscuros sobre los míos–. Por norma, los Ageanos encuentran su diversión cazando a sus presas. 
–Te creo –dije en tono sarcástico. 
Comenzamos a andar sin un destino aparente, quedarnos quietos no cambiaría nada. Ella se mantuvo en silencio, ni siquiera mencionó una forma de salir de aquel sitio. Luego de un tiempo de andar sin rumbo fijo, comencé a oír ruidos provenientes de una de las tantas casas semi destruidas. Este era cada vez más fuerte a medida que nos íbamos acercando, por lo que empecé a apurar el paso sin saber muy bien qué era con lo que me iba a encontrar y listo para correr de ser necesario. 
Me sorprendí al reconocer la casa en ruinas como el antiguo hogar de mis padres. Se encontraba en muy mal estado, y tupida de maleza y enredaderas. 
Me dirigí rápidamente hacia la entrada principal y tomé el pestillo casi de forma inconsciente. 
–¡No la abras! –ordenó la chica con voz estridente. 
Me detuve en seco y giré sobre mis talones para observarla. 
¡No te atrevas a abrir esa puerta! –me amenazó ahora molesta. 
–Se supone que estoy soñando. Abrirla o no, ¿qué va a cambiar? –dije crédulamente. 
–¿Aún crees que esto es un sueño? –Me reprendió con el ceño fruncido–. Esa puerta es parte de Nexo*, como todo este sitio. Si la abres podrías encontrar otro Ageano como el anterior. 
–¿Qué es Nexo? –pregunté dejando claro que no entendía ni una maldita palabra de lo que había dicho. 
Nexo es un sitio muy peligroso para la gente de Manna –explicó tomándome del brazo y hablándome lejos de la puerta. 
–¿Qué es un Nexo? –reiteré ajustando la pregunta. 
Ella suspiró, mirando al cielo antes de responder. 
–Un Nexo es una unión o conexión, como quieras llamarle –explicó–. En este caso es una transición entre reinos. 
Y otra vez volvía con las palabras extrañas. 
–Manna es un reino; Agea es otro, así como Caelum y Szellem, entre otros. 
–Manna es otro nombre para mi mundo, ¿verdad? ¿La tierra? 
Así que, según su explicación, lo que entendía por Nexo era una especie de agujero de gusano –o algo parecido– que conectaba un mundo con otro. 
–Puedes verlo de esa manera, si. 
Aquello era demasiado fantasioso para mí gusto ¿Ángeles? ¿Nexos? ¿Mundos pos-apocalípticos? ¿Estaba dentro de un cuento de hadas, o de una mala parodia de la Guerra de las Galaxias? ¿En una combinación de ambas, tal vez? 
–¿Vas a seguir siendo perspicaz sobre esto? ¿Incluso a pesar de estar aquí ahora? 
–¿Acabas de leer mi mente en este momento? –pregunté en cambio sorprendido. 
–“¿Leer?” La mente no es un texto. Sólo percibo los pensamientos de los otros –respondió con una mueca. 
Ósea que si había leído mi mente. 
–No lo hice. Aún así, todo es real. Como el Ageano que derroté hace rato, lo estuviste llamando “Criatura” y “Monstruo” todo el tiempo. Aunque los habitantes de Manna suelen identificarlos como demonios. Como los Ellums a los que estás empeñado en llamar ángeles también, y muchas otras cosas. Todo es real. 
¿Muchas otras cosas? Aquella palabra era muy extensa ¿Qué más había allá afuera? ¿Aliens; gnomos; hadas; fantasmas? ¿Qué más? 
–Honestamente no sé mucho sobre las otras razas –respondió mientras se encogía de hombros–, nunca me llevé ninguna esencia que no sea de Manna. 
»No estoy muy segura de que clase de criatura sean los Gnomos; tengo una leve idea de una raza similar a lo que ustedes llaman Hadas, dentro de uno de los reinos. Ahora, los fantasmas son algo muy extenso. Dentro de los términos Manneanos pueden abarcar muchas cosas. 
Había evitado hablar de los Aliens. Seguramente porque ella era uno, así como la cosa que había matado antes. 
–¿Estas segura de que no eres un producto de mi imaginación? 
–Volviendo al tema –dijo ignorando mi pregunta–, aquí estamos y a la vez no. 
–Esta bien, Schrödinger* ¿Para qué estás aquí? 
–Investigar –respondió simplemente, observando el paisaje a su alrededor. 
¿Investigar qué?, me pregunté llevándome una mano al rostro. Esta chica me confundía más de lo que me aclaraba. 
–Una anomalía –dijo con sencillez. 
¡¿Por qué estás aquí?! ¡¿Por qué sabes todo en este sueño demente?! –exclamé ya un poco exasperado. 
–¿Por qué sigues pensando que esto es un sueño? 
“¡Porque todo esto no tiene ni pies ni cabeza!” –grité y pensé al mismo tiempo. 
–No hacía falta decirlo dos veces –protestó molesta. 
Tampoco hacía falta que estuviera metida en mi cabeza. 
–¡Pues bien! ¡Te daré una prueba de que todo esto es real! –rezongó balanceando su hoz frente a mi rostro. 
–¡¿Qué haces, imbécil?! ¡¿Quieres matarme?! 
La evadí justo a tiempo, cayendo al suelo cuando la hoz rozó mi mejilla. 
Me levanté de golpe, volviendo a la normalidad de mi hogar. Me encontraba sobre la alfombra del comedor. 
–Diablos, otra vez tuve un sueño extraño. 
Por un momento pensé que ya debía ser tarde, había transcurrido bastante tiempo dentro de aquel sueño. Pero en el reloj de pared habían pasado tan solo quince minutos. 
–¿Qué mierda fue eso? –murmuré en voz alta. 
Al ir al baño para ducharme, y quitarme toda la pesadez de aquella pesadilla, noté algo impactante al verme frente al espejo. En mi mejilla derecha había un pequeño corte sangrante. Al principio entré en pánico ante la posibilidad de que todo hubiese sido real, me tomó varios minutos tranquilizarme y mentalizarme. Me dije que seguramente en la mañana al caer del sillón pude haberme lastimado sin darme cuenta, tal vez al caerme en la alfombra. Tenía que considerar muchas posibilidades antes de la opción de que aquel sueño hubiese sido real. 
“No puedo ser tan infantil”me rezongué apartando aquel tema de mi cabeza. 
Me duché, almorcé algo rápido y salí apurado hacia el trabajo, aún algo aturdido. Allí todo fue igual, rutinario. Aunque me sentía algo incómodo y distante, solo Isaac pareció notarlo. 
–¿Se encuentra bien la pequeña? –preguntó refiriéndose a Ellie, una vez me tomé mi media hora de descanso. 
No pude responderle de inmediato. Isaac era un viejo amigo de nuestro padre, por lo que nos conocía a mi hermana y a  desde que usábamos pañales. ¿Cómo decirle que la pequeña Ellie ya no saldría del hospital? 
–Que no respondas es mala señal ¿Acaso su condición ha empeorado? –insistió manteniendo la calma, algo en lo que yo fallé miserablemente. 
–Si, empeoró. Pero ahora mismo ya no sufre –confesé mirando al suelo, en un pobre intento por contener las lágrimas. 
–¿No estarás diciendo que…? –Murmuró asustado –¿Es cierto? 
Mi silencio tendría que servirle como respuesta, no me sentía con la fortaleza para decirlo con palabras. 
–Entonces ella falleció –confirmó con lágrimas en los ojos, tragándose su propia angustia. Aquel hombre era lo más cercano que teníamos a una familia. Era lo único que me quedaba ahora. 
Yo solo pude asentir, el nudo en mi garganta no me permitía hacer más. 
–¿Quieres volver a casa? Perder a un ser querido es algo duro. 
–No –Respondí enseguida moviendo la cabeza–. Necesito distraerme. 
Isaac mejor que nadie sabía lo que estaba sintiendo. Él había pasado por algo peor al perder a su esposa e hija, y siendo el único sobreviviente de un accidente de tránsito. Aún así, Isaac siempre se mostró fuerte y nunca se dejó ver deprimido por los demás. Yo debía seguir su ejemplo, debía ser fuerte y soportarlo como él lo hizo. 
–Ve a tu casa y no vuelvas por una semana –ordenó sin dejarme otra opción que aceptar–. En tú condición actual no vas a hacer más que desastres en la tienda. 
Volví a casa, aunque no tenía muchos ánimos de ello. En la puerta principal dudé si entrar o no. No quería volver a tener una de aquellas pesadillas de nuevo, ya había tenía suficiente con una por el día de hoy. 
Así que me quedé allí afuera, inspeccionando la puerta con cuidado hasta que me sentí lo suficientemente seguro para entrar. 
–Que sea lo que tenga que ser –suspiré mientras ingresaba ¿Qué más podía hacer? No podía escapar, no de aquellos sueños. En algún momento volverían a atraparme sin importar donde estuviera. 
Aún así no esperaba encontrar una escena similar a la que me encontré en cuanto puse un pie en la sala. Mis ojos no podían creerlo ¿Era un sueño lúcido, o esta vez ni siquiera había sido consciente de cuando me había desmayado? 
Sea como sea allí estaba ese ángel, aquel Ellum sentada en el sofá sin vergüenza alguna con una taza de mi Earl Grey* en las manos. Así, muy cómoda la encontré. Con tanta confianza que, de no ser mi propia casa, diría que ella vivió toda su vida en este lugar. 

___________________________________

*Hoz: Instrumento curvo y muy afilado en su parte cóncava, con mango de metal (en el caso de la hoz del Ellum, este es del mismo metal oscuro que la hoja), que se utiliza para Segar (quitar o arrebatar). Tiene una fuerte relación con la Muerte o los Ángeles Segadores, que utilizan este instrumento para llevarse el alma de los humanos. 
*Nexo: Unión o vínculo de una cosa con otra. En el caso de la historia este se refiere a un plano que une varios mundos (o Reinos) unos con otros. 
*Schrödinger: Fue un físico Austriaco que realizó importantes contribuciones en los campos de la mecánica cuántica y la termodinámica. Es muy conocido por el experimento mental del gato de Schrödinger. 
*Earl Grey: Tipo de té que se prepara con las hojas de té negro y esencia de bergamota. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario