jueves, 25 de octubre de 2018

Capítulo 04

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Ella estaba sentada a la mesa, disfrutando de mi preciado Earl Grey, en una taza que no debería existir.
Cerré la puerta dando un largo suspiro y la volví a abrir. No sé qué era lo que esperaba encontrar, pero la escena pero la escena que había visto se volvió a repetir.
Ignoré aquello, pensando que se trataba de mi mente desvariante por todos aquello extraños sueños. Dejé la mochila a un lado del sillón y fui al baño; me lavé la cara. Observé mi rostro, no había nada fuera de lo común.
Volví al comedor, pero ella aún se encontraba allí.
–Llegas tarde. Por alguna razón estoy oyendo voces que suenan reales.
–Debo estar dormido, o tan vez me desmayé de nuevo.
–No lo estás, así que escúchame.
Dejó la taza y se puso de pie.
–¡¡NADA DE ESCUCHAME!! –grité exasperado, golpeando la mesa con el puño. Ella se limitó a observarme en silencio–. ¡¿Qué carajo está sucediendo?! ¿Es un sueño?
Ella negó con la cabeza.
– ¡Entonces no lo entiendo!
–Permíteme que te lo explique…
– ¡No quiero! Todo esto debe tratarse de un sueño, de una pesadilla, como aquella en la que luchabas contra ese monstruo.
En respuesta ella desplegó sus grandes alas, dispersando cientos de plumines en todo el comedor.
– ¿Lo comprendes ahora? Nada de todo lo que te ha ocurrido ha sido un sueño. Lamentablemente, todo ha ocurrido de verdad.
–Esto tiene que ser una mentira –insistí, aunque ya no tan convencido como al principio.
–Comprenderás que no –dijo, dando un pequeño aleteo con sus alas.
Me dejé caer sobre el sillón en silencio. ¿Cómo era posible? ¿Todo había sido real?
Ella replegó sus alas y se sentó a la mesa lentamente, para volver a sorber el té.
Mis ojos en ese momento recorrieron desde el suelo hasta su espalda, justo donde sus alas de un blanco puro descansaban.
Todo es real. Algo hizo clic en mi cerebro al darme cuenta.
– ¿Puedes leerme la mente?
Sentí una especie de Deja Vú al formular la pregunta.
–Estamos repitiendo la conversación de ayer, así que lo repetiré: Los percibo, mientras más metido en ellos estés es más fácil para mí.
–Ya me volví loco. Es eso, ¿cierto?
Ella no respondió, solo puso los ojos en blanco y se dedicó a tomar su té.
– ¿Por qué no dices nada? –insistí. Pero justo cuando había terminado de hablar, una fuerte corriente de aire golpeó mi rostro. Entrecerré los ojos, y volver a ver con atención, ella se encontraba con su rodilla entre mis piernas y su mano agarrando fuertemente mi mentón.
–Una locura muy vivida, ¿no crees?
Quedé boquiabierto. Ella soltó mi mentón, enderezándose frente a mí.
– ¿Qué eres?
Ella soltó un suspiro.
–Lo repetiré otra vez: Soy un Ellum, una hija de Caelum, tal como sabes. Un segador.
Un ángel de la muerte, una parca, si había entendido bien, ¿no?
–Ya te lo había dicho antes, no insultes a los Ellum llamándonos Ángeles. No somos esa basura.
Su mirada se oscureció mientras hablaba.
– ¿Y por qué estás aquí?
–Recuerda, sellé a aquel Ageano en tu interior.
Cierto, lo del hospital también fue real ¿Eso quiere decir que en este momento hay uno de esos monstruos dentro de mi cuerpo?
–En efecto, es así. Por ello estoy aquí –respondió volviendo a sorber de la taza.
–Entonces me lo vas a quitar y luego lo vas a matar, ¿no?
Si ella había podido vencer a «Vía de tren», uno de humo no debería ser problema.
–Si comprendieses la gravedad de tus pensamientos, cerrarías la boca.
– ¿Es así? Pero el de la vía era fuerte.
Ella se encogió de hombros.
–Solo era uno más entre tantos.
Entonces, ¿eso quería decir que aquel monstruo era más débil de lo que yo había creído? ¿¡Pero que carajos!? ¿Qué tenía dentro, un rey demonio?
–Puedo asegurarte, que no es una existencia a la que pueda enfrentar.
¿Qué mierda significa esto? ¿Voy a morir?
Ella agachó la cabeza en respuesta a lo que pensaba.
Un relámpago resonó en toda la estancia, un temblor se sintió entrelazado con los de mi cuerpo y todo se oscureció. Pensé que otra vez estaba en un sueño, pero la luz de los relámpagos traspasaba la ventana.
–Relajante –la oí decir sobre el ruido de la tormenta que se desataba afuera.
Usé la luz de mi celular para buscar algunas velas. Luego de cumplir mi cometido y lograr encender una, ella enseguida la apagó.
– ¿Qué haces?
Sentí un aleteo. Sus alas comenzaron a emitir luz, un brillo entre blanco y celeste, con formas similares a copos de nieve. Incluso los plumines que se desprendían la emitían por un corto periodo de tiempo, hasta que se desvanecía.
Aún con vela en mano, no podía dejar de ver ese hermoso espectáculo.
–Ya puedes prenderla.
Lo hice, y poco a poco pude ver la luz de sus alas ir retrocediendo hasta desaparecer en su espalda.
– ¿Ahora lo entiendes?
–No es que no lo haga, solo que se siente tan irreal… Pero comprendo que esto no es un sueño, y que tú no eres humana.
Asimilar esta información resultaba tan estúpido y una locura en sí. Que irónico.
Respiré hondo, dejando que una loca idea pase por mi mente.
– ¿Puedo tocar tus alas? –Pude reconocer su sorpresa, incluso con la tenue luz de la vela.
–Está bien, ya que entiendo que no podrás asimilarlo sin una prueba fehaciente.
¿En serio estaba bien? Es verdad que es irrefutable como prueba, pero ¿En serio lo está?
Ella se acercó a mí, para seguidamente darme la espalda y déjame sus alas al alcance de mi mano, pero, al hacerlo, apagó la vela por accidente.
–No esperaba que pasara eso. Es lo extraño de estar en forma corpórea.
Quería hacer varias preguntas, pero aquello sería contraproducente.
Volví a encender la vela, alejándola un poco de sus alas.
Comencé a acariciarlas con mis manos, poco a poco explorándolas. En algunas ocasiones ella reaccionaba, temblando un poco o moviéndolas, en otras apretaba los ojos. Seguí deslizando mis dedos entre las suaves plumas, hasta llegar a la conexión entre sus alas y su espalda. Entonces un golpe me dejó sentado en el suelo.
–Lo siento, me estaban dando cosquillas y no lo pude soportar más.
Ese golpe y todo lo que pude comprobar antes lo había dejado claro: ella era un án… un Ellum con todas las letras.
–Fue mi error, no te preocupes.
La calidez de las plumas aún no abandonaba mis dedos. Muy en el fondo estaba emocionado, pero a su vez aterrado.
Respiré hondo, intentando ordenar mis pensamientos.
–Volviendo al tema –dijo ella, trayéndome de vuelta–, decía que estoy aquí por el Ageano.
–Sí, eso decías.
–Recuerdo lo que decía, solo quería dejar en claro un punto importante.
No entendía a donde quería llegar.
– ¿Y cuál sería ese punto importante? –pregunté intentando no mostrar lo molesto que me tenía la intriga.
–Seré directa: De ahora en más, viviré aquí.
–No.
–No lo estoy consultando. Si estoy demasiado tiempo alejada el sello de debilitará, y ya te imaginaras lo que sigue.
–Mierda… –me quejé agarrándome la cabeza– ¿No hay otra forma?
–Podemos intentar repetir lo de la niña –sugirió.
¿Lo de la niña?
–Si. Puedes intentar huir, mientras eres dividido con mi Hoz.
Eso es un «No» rotundo.
–Entiendo, entiendo. Está bien, no tengo argumentos contra eso.
–Claro que no los tienes. Si el sello se rompe, el Ageano será libre y ese es el caso.
Medité sus palabras con los ojos cerrados. Si no aceptaba era perder o perder. Al abrirlos de nuevo ya había vuelto la luz. Apagué la vela una vez más.
–Dime una cosa –Ella inclinó la cabeza en señal de incertidumbre–, si muero ¿Qué es lo qué vas a hacer?
Sentí que la tormenta había pasado. Sin embargo, temía que volviera a desatarse.
–Si te refieres a tu hogar, no voy a hacer nada. Si te refieres al Ageano, solo puedo pedir asistencia a Caelum e intentar destruirlo.
No obtendría ninguna garantía de que lo puedan derrotar, ¿eh? Eso me desanimaba. Si moría había una posibilidad de que mi muerte fuera en vano.
–Digamos que acabo contigo ahora –Tragué saliva en respuesta–, solo es una suposición pero, al hacerlo, ¿Qué crees que pasaría?
No supe que responder, pero sentía que la respuesta sería algo terrible.
Ella levantó dos dedos, para exponer sus razones.
–Primero, matarte ahora solo serviría para dejarlo libre.
Entonces, antes, en el hospital, ¿era el momento justo porque no había otro huésped?
Ella asintió.
–Segundo, dado lo ocurrido en aquella ocasión, se necesitaría preparar una gran fuerza de subyugación ¿Sabes lo que significa?
Sus palabras me resultaban pesadas ¿Solo tenía sentido matarme cuando esté lista esa fuerza de subyugación? Antes de eso, el monstruo estaría libre para encontrar otro huésped, o hacer un destrozo en el mundo.
No había nada que pensar ahí. Era un claro «No». No quiero morir y no quiero que ese monstruo esté libre.
–Cambiando de tema ¿Qué necesitas para comenzar a vivir aquí?
Hice un ademán con la mano, señalando la casa. Me sentía intranquilo con el tema anterior.
–En mi forma corpórea, nutrientes y un sitio donde hospedarme –Me quitó la vela de las manos y la sostuvo, dándola vuelta varias veces antes de dejarla sobre la mesa–. En forma astral… –Intentó repetir la misma pantomima, pero esta vez su mano atravesó la vela. Esta no era afectada– Nada.
No podía creer lo que acababa de ver. Sabía qué hacía rato que venía hablando de la forma corpórea y todo eso, pero escucharlo y verlo son dos mundos diferentes.
–Si vives aquí la gente podrá verte –le advertí. Ella no respondió–. Tendrás que estar encerrada dentro, o alguien podría descubrir sobre tu especie.
–Desde que recuerdo, tú eres el único que ha podido verme –explicó encogiéndose de hombros.
Ella pasaba distraídamente su mano a través de la vela. Por instinto intenté tomarla, lo que terminó con mi mano tomando la suya, incluso cuando ésta estaba atravesando la vela.
Nuestras manos se alejaron automáticamente, dejando caer la vela al suelo. Me apresuré a levantarla. Ella parecía atónita mientras observaba su propia mano.
– ¿Puedes explicar lo que acaba de ocurrir?
–Tal vez… No estoy segura… Quizás el Ageano te lo permite… Pero…eso no es algo tenga mucho sentido –respondió dubitativa–. Nunca oí de algo así.
Otra cosa extraña para la lista.
– ¿Puedo preguntar…? –Ella me miró sin parpadear –Toda esa pantomima con la vela, ¿a qué venía?
–Solo quería mostrar las diferencias entre la forma corpórea y la astral. Sin embargo, a tu lado nada tiene sentido, así que me quedaré en esta forma.
–No logro diferenciar ¿Cuál es cuál?
Con su dedo índice dio un golpecito a la taza sobre la mesa.
Entonces, forma corpórea será. Aunque debería intentar ocultar sus alas.
Al terminar aquel pensamiento, ella se puso de espaldas a mí. Sus alas habían desaparecido.
Ahí lo comprendí. Desplegar, retraer o desaparecer sus alas era nada para ella.
– ¿Existe algo que necesites urgente ahora que te encuentras en tu forma física?
Ella me miro algo sonrojada, lo que me dejo descolocado.
–Solo necesito chocolate.
– ¿Eh? ¿Dijiste chocolate?
Ella tapó su rostro, avergonzada.
–Lo siento, es más un capricho que una necesidad.
Una sonrisa se plasmó en mi rostro.
“Esa expresión vale más que un chocolate”, me reí para mis adentros.
–Está bien, debe quedar algún lugar abierto. Necesito despejarme.
Ella sonrió al oírme y luego de la abrumadora sesión de aprendizaje, dejé mi casa por unos chocolates.
Fuera, pude notar un hermoso cielo estrellado.

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