Ella
estaba sentada a la mesa, disfrutando de mi preciado Earl Grey, en una taza que
no debería existir.
Cerré
la puerta dando un largo suspiro y la volví a abrir. No sé qué era lo que
esperaba encontrar, pero la escena pero la escena que había visto se volvió a
repetir.
Ignoré
aquello, pensando que se trataba de mi mente desvariante por todos aquello
extraños sueños. Dejé la mochila a un lado del sillón y fui al baño; me lavé la
cara. Observé mi rostro, no había nada fuera de lo común.
Volví
al comedor, pero ella aún se encontraba allí.
–Llegas
tarde. Por alguna razón estoy oyendo voces que suenan reales.
–Debo
estar dormido, o tan vez me desmayé de nuevo.
–No
lo estás, así que escúchame.
Dejó
la taza y se puso de pie.
–¡¡NADA
DE ESCUCHAME!! –grité exasperado, golpeando la mesa con el puño. Ella se limitó
a observarme en silencio–. ¡¿Qué carajo está sucediendo?! ¿Es un sueño?
Ella
negó con la cabeza.
– ¡Entonces
no lo entiendo!
–Permíteme
que te lo explique…
– ¡No
quiero! Todo esto debe tratarse de un sueño, de una pesadilla, como aquella en
la que luchabas contra ese monstruo.
En
respuesta ella desplegó sus grandes alas, dispersando cientos de plumines en
todo el comedor.
– ¿Lo
comprendes ahora? Nada de todo lo que te ha ocurrido ha sido un sueño. Lamentablemente,
todo ha ocurrido de verdad.
–Esto
tiene que ser una mentira –insistí, aunque ya no tan convencido como al
principio.
–Comprenderás
que no –dijo, dando un pequeño aleteo con sus alas.
Me dejé caer sobre el sillón en
silencio. ¿Cómo era posible? ¿Todo había sido real?
Ella replegó sus alas y se
sentó a la mesa lentamente, para volver a sorber el té.
Mis ojos en ese momento
recorrieron desde el suelo hasta su espalda, justo donde sus alas de un blanco
puro descansaban.
Todo es real. Algo hizo clic en mi cerebro al darme cuenta.
– ¿Puedes
leerme la mente?
Sentí
una especie de Deja Vú al formular la pregunta.
–Estamos
repitiendo la conversación de ayer, así que lo repetiré: Los percibo, mientras
más metido en ellos estés es más fácil para mí.
–Ya
me volví loco. Es eso, ¿cierto?
Ella
no respondió, solo puso los ojos en blanco y se dedicó a tomar su té.
– ¿Por
qué no dices nada? –insistí. Pero justo cuando había terminado de hablar, una
fuerte corriente de aire golpeó mi rostro. Entrecerré los ojos, y volver a ver
con atención, ella se encontraba con su rodilla entre mis piernas y su mano
agarrando fuertemente mi mentón.
–Una
locura muy vivida, ¿no crees?
Quedé
boquiabierto. Ella soltó mi mentón, enderezándose frente a mí.
– ¿Qué
eres?
Ella
soltó un suspiro.
–Lo
repetiré otra vez: Soy un Ellum, una hija de Caelum, tal como sabes. Un
segador.
Un
ángel de la muerte, una parca, si había entendido bien, ¿no?
–Ya
te lo había dicho antes, no insultes a los Ellum llamándonos Ángeles. No somos
esa basura.
Su mirada
se oscureció mientras hablaba.
– ¿Y
por qué estás aquí?
–Recuerda,
sellé a aquel Ageano en tu interior.
Cierto,
lo del hospital también fue real ¿Eso quiere decir que en este momento hay uno
de esos monstruos dentro de mi cuerpo?
–En
efecto, es así. Por ello estoy aquí –respondió volviendo a sorber de la taza.
–Entonces
me lo vas a quitar y luego lo vas a matar, ¿no?
Si
ella había podido vencer a «Vía de tren», uno de humo no debería ser problema.
–Si
comprendieses la gravedad de tus pensamientos, cerrarías la boca.
– ¿Es
así? Pero el de la vía era fuerte.
Ella
se encogió de hombros.
–Solo
era uno más entre tantos.
Entonces,
¿eso quería decir que aquel monstruo era más débil de lo que yo había creído?
¿¡Pero que carajos!? ¿Qué tenía dentro, un rey demonio?
–Puedo
asegurarte, que no es una existencia a la que pueda enfrentar.
¿Qué
mierda significa esto? ¿Voy a morir?
Ella
agachó la cabeza en respuesta a lo que pensaba.
Un
relámpago resonó en toda la estancia, un temblor se sintió entrelazado con los
de mi cuerpo y todo se oscureció. Pensé que otra vez estaba en un sueño, pero
la luz de los relámpagos traspasaba la ventana.
–Relajante
–la oí decir sobre el ruido de la tormenta que se desataba afuera.
Usé
la luz de mi celular para buscar algunas velas. Luego de cumplir mi cometido y
lograr encender una, ella enseguida la apagó.
– ¿Qué
haces?
Sentí
un aleteo. Sus alas comenzaron a emitir luz, un brillo entre blanco y celeste,
con formas similares a copos de nieve. Incluso los plumines que se desprendían
la emitían por un corto periodo de tiempo, hasta que se desvanecía.
Aún
con vela en mano, no podía dejar de ver ese hermoso espectáculo.
–Ya
puedes prenderla.
Lo
hice, y poco a poco pude ver la luz de sus alas ir retrocediendo hasta
desaparecer en su espalda.
–
¿Ahora lo entiendes?
–No
es que no lo haga, solo que se siente tan irreal… Pero comprendo que esto no es
un sueño, y que tú no eres humana.
Asimilar esta información
resultaba tan estúpido y una locura en sí. Que irónico.
Respiré hondo, dejando que una
loca idea pase por mi mente.
–
¿Puedo tocar tus alas? –Pude reconocer su sorpresa, incluso con la tenue luz de
la vela.
–Está
bien, ya que entiendo que no podrás asimilarlo sin una prueba fehaciente.
¿En serio estaba bien? Es
verdad que es irrefutable como prueba, pero ¿En serio lo está?
Ella se acercó a mí, para
seguidamente darme la espalda y déjame sus alas al alcance de mi mano, pero, al
hacerlo, apagó la vela por accidente.
–No
esperaba que pasara eso. Es lo extraño de estar en forma corpórea.
Quería
hacer varias preguntas, pero aquello sería contraproducente.
Volví
a encender la vela, alejándola un poco de sus alas.
Comencé
a acariciarlas con mis manos, poco a poco explorándolas. En algunas ocasiones
ella reaccionaba, temblando un poco o moviéndolas, en otras apretaba los ojos.
Seguí deslizando mis dedos entre las suaves plumas, hasta llegar a la conexión
entre sus alas y su espalda. Entonces un golpe me dejó sentado en el suelo.
–Lo
siento, me estaban dando cosquillas y no lo pude soportar más.
Ese
golpe y todo lo que pude comprobar antes lo había dejado claro: ella era un án…
un Ellum con todas las letras.
–Fue
mi error, no te preocupes.
La
calidez de las plumas aún no abandonaba mis dedos. Muy en el fondo estaba
emocionado, pero a su vez aterrado.
Respiré
hondo, intentando ordenar mis pensamientos.
–Volviendo
al tema –dijo ella, trayéndome de vuelta–, decía que estoy aquí por el Ageano.
–Sí,
eso decías.
–Recuerdo
lo que decía, solo quería dejar en claro un punto importante.
No
entendía a donde quería llegar.
– ¿Y
cuál sería ese punto importante? –pregunté intentando no mostrar lo molesto que
me tenía la intriga.
–Seré
directa: De ahora en más, viviré aquí.
–No.
–No
lo estoy consultando. Si estoy demasiado tiempo alejada el sello de debilitará,
y ya te imaginaras lo que sigue.
–Mierda…
–me quejé agarrándome la cabeza– ¿No hay otra forma?
–Podemos
intentar repetir lo de la niña –sugirió.
¿Lo
de la niña?
–Si.
Puedes intentar huir, mientras eres dividido con mi Hoz.
Eso
es un «No» rotundo.
–Entiendo,
entiendo. Está bien, no tengo argumentos contra eso.
–Claro
que no los tienes. Si el sello se rompe, el Ageano será libre y ese es el caso.
Medité
sus palabras con los ojos cerrados. Si no aceptaba era perder o perder. Al
abrirlos de nuevo ya había vuelto la luz. Apagué la vela una vez más.
–Dime
una cosa –Ella inclinó la cabeza en señal de incertidumbre–, si muero ¿Qué es
lo qué vas a hacer?
Sentí
que la tormenta había pasado. Sin embargo, temía que volviera a desatarse.
–Si
te refieres a tu hogar, no voy a hacer nada. Si te refieres al Ageano, solo
puedo pedir asistencia a Caelum e intentar destruirlo.
No obtendría ninguna garantía
de que lo puedan derrotar, ¿eh? Eso me desanimaba. Si moría había una
posibilidad de que mi muerte fuera en vano.
–Digamos
que acabo contigo ahora –Tragué saliva en respuesta–, solo es una suposición
pero, al hacerlo, ¿Qué crees que pasaría?
No
supe que responder, pero sentía que la respuesta sería algo terrible.
Ella
levantó dos dedos, para exponer sus razones.
–Primero,
matarte ahora solo serviría para dejarlo libre.
Entonces,
antes, en el hospital, ¿era el momento justo porque no había otro huésped?
Ella
asintió.
–Segundo,
dado lo ocurrido en aquella ocasión, se necesitaría preparar una gran fuerza de
subyugación ¿Sabes lo que significa?
Sus
palabras me resultaban pesadas ¿Solo tenía sentido matarme cuando esté lista
esa fuerza de subyugación? Antes de eso, el monstruo estaría libre para
encontrar otro huésped, o hacer un destrozo en el mundo.
No
había nada que pensar ahí. Era un claro «No». No quiero morir y no quiero que
ese monstruo esté libre.
–Cambiando
de tema ¿Qué necesitas para comenzar a vivir aquí?
Hice
un ademán con la mano, señalando la casa. Me sentía intranquilo con el tema
anterior.
–En
mi forma corpórea, nutrientes y un sitio donde hospedarme –Me quitó la vela de
las manos y la sostuvo, dándola vuelta varias veces antes de dejarla sobre la
mesa–. En forma astral… –Intentó repetir la misma pantomima, pero esta vez su
mano atravesó la vela. Esta no era afectada– Nada.
No
podía creer lo que acababa de ver. Sabía qué hacía rato que venía hablando de
la forma corpórea y todo eso, pero escucharlo y verlo son dos mundos
diferentes.
–Si
vives aquí la gente podrá verte –le advertí. Ella no respondió–. Tendrás que
estar encerrada dentro, o alguien podría descubrir sobre tu especie.
–Desde
que recuerdo, tú eres el único que ha podido verme –explicó encogiéndose de
hombros.
Ella
pasaba distraídamente su mano a través de la vela. Por instinto intenté
tomarla, lo que terminó con mi mano tomando la suya, incluso cuando ésta estaba
atravesando la vela.
Nuestras
manos se alejaron automáticamente, dejando caer la vela al suelo. Me apresuré a
levantarla. Ella parecía atónita mientras observaba su propia mano.
–
¿Puedes explicar lo que acaba de ocurrir?
–Tal
vez… No estoy segura… Quizás el Ageano te lo permite… Pero…eso no es algo tenga
mucho sentido –respondió dubitativa–. Nunca oí de algo así.
Otra
cosa extraña para la lista.
–
¿Puedo preguntar…? –Ella me miró sin parpadear –Toda esa pantomima con la vela,
¿a qué venía?
–Solo
quería mostrar las diferencias entre la forma corpórea y la astral. Sin
embargo, a tu lado nada tiene sentido, así que me quedaré en esta forma.
–No
logro diferenciar ¿Cuál es cuál?
Con su dedo índice dio un
golpecito a la taza sobre la mesa.
Entonces, forma corpórea será.
Aunque debería intentar ocultar sus alas.
Al terminar aquel pensamiento,
ella se puso de espaldas a mí. Sus alas habían desaparecido.
Ahí lo comprendí. Desplegar,
retraer o desaparecer sus alas era nada para ella.
–
¿Existe algo que necesites urgente ahora que te encuentras en tu forma física?
Ella
me miro algo sonrojada, lo que me dejo descolocado.
–Solo
necesito chocolate.
–
¿Eh? ¿Dijiste chocolate?
Ella tapó su rostro,
avergonzada.
–Lo
siento, es más un capricho que una necesidad.
Una sonrisa se plasmó en mi
rostro.
“Esa expresión vale más que un
chocolate”, me reí para mis adentros.
–Está
bien, debe quedar algún lugar abierto. Necesito despejarme.
Ella
sonrió al oírme y luego de la abrumadora sesión de aprendizaje, dejé mi casa
por unos chocolates.
Fuera,
pude notar un hermoso cielo estrellado.

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