La delicada mano de Kwyer, acarició mi rostro y acto seguido saco la toalla de su cabeza. Tomó de mi remera inclinándome hasta ella, dejando la toalla sobre mi cabeza y refregándola hasta dejar mi pelo crispado, aunque no paraba de lloviznar.
“¿El paraguas la estaba cubriendo bien?”, pensaba en lo que mi cabeza y rostro eran ahogados por movimientos suaves y cuidados de la toalla sobre ella.
Estornudé a un lado, y ese hecho le hizo soltar una pequeña risita.
“Debo agradecer que no esta tan frio y no hay viento”.
–Kwyer –atraje su atención –¿Comiste algo?
Ocultó sus brazos al oírme, dejando la toalla sobre mi cabeza.
Conocía la respuesta, pero no quería intimidarla.
–No –murmuró unos segundos después en lo que me quitaba la toalla, dejándola sobre mi hombro.
Abrí una bolsa, en esta llevaba la comida “caliente” que ahora se encontraba tibia. Una cazuela de lentejas, que había comprado rato antes de llegar. Observe la delgadez de su cuerpo y no pude evitar pensar que una comida pesada como esta, le daría la fuerza que necesitaba.
Volví a dejar escapar otro estornudo, pero esta vez Kwyer no soltó risitas, por el contrario su rostro enseñaba algo de sorpresa. Le di el bol con las lentejas, mientras revisaba en el bolso si llevaba unos cubiertos, que si estaban allí.
Ella se quedó observando la comida.
–Si quieres te doy de comer –bromeé mientras le alcanzaba una cuchara.
–No será necesario, pero –ella me miró fijo –¿Estás seguro? –volvía a ver la comida –Es tu alimento.
Me senté a su lado, sobre el pasto mojado por la fina llovizna y acaricié su cabello, sin obtener reacción por ello.
–Sí. Lo necesitas más.
A pesar que mis palabras no sonaban bien ella comenzó a comer. Creí que iba a hacerlo a prisa, pero por el contrario la calma no abandonaba su actitud.
–Lo sabes, ¿cierto? –me observaba con preocupación.
–¿Qué es lo que se supone sé?
No la deje de ver, reconociendo que la llovizna había cesado.
Ella levanto su brazo y lo pasó ante mí. La manga que lo cubría fue siendo retirada poco a poco, dejando ver la delgadez del mismo.
“Sabía de eso, pero no sé cómo ayudarla”.
Sequé mis manos y volví a hacer otro cisne de papel.
–Te entiendo. Es por eso que no te mueves de ahí –terminé el cisne y lo deje en su mano–, pero ya no estás sola.
Le sonreí apoyando su rostro en mi pecho húmedo.
–No podrás estar siempre a mi lado –cerró los ojos dejándose llevar.
–Lo sé, pero no voy a dejar de intentarlo.
Ella se enderezó apoyando sus manos en mí.
–Ya veo –murmuró arreglando su cabello con los dedos–. Aún no me puedo ir.
Terminó de comer y dejó el bol a un lado.
Tomó el primer cisne y lo coloco en su rodilla frente al que le hice.
–Kwyer –le llamé –¿Por qué tu siempre…?
–¿Se llevaran bien? –preguntó impidiéndome terminar mi pregunta.
“No creo que sea momento de preguntarle eso”.
–Estoy seguro que si –acaricié su cabeza–. Serán tan amigos, que podrán cambiar el mundo.
Fui sacando mi mano de su cabeza, pero ella la devolvió allí.
–Etwhal –pronuncio–, hablarte lo cambio para mí.
Sus palabras alteraron mi ritmo cardíaco.
–Siempre veía pasar a todos de allí –señaló a un extremo de la calle –hasta allí –señaló el otro extremo–, todo el tiempo imaginando ¿Qué hay más allá? –se le escapó un suspiro –Varios pasaban con una sonrisa y otros ahogados en llantos.
Estaba atónito al oírla.
“¿Cuánto tiempo llevaba allí? Más importante ¿Cómo llego?”
–Kwy… er…
Una lágrima abandonaba sus ojos, recorriendo sus mejillas.
–Si, el cisne antes no podía ir solo, pero ahora tiene un compañero que va a ayudarle a cumplir sus sueños.
Ella bajó mi mano de su cabeza, llevando la suya a mi rostro.
–No tengo movilidad –volteó su rostro para verme de frente–. Incluso todo el tiempo que estas junto a mí te privo de la tuya.
Dejó caer su mano, la cual no dude en sostener.
–Si no tienes movilidad aférrate a la mía –apreté su mano entrelazando nuestros dedos.
–¿Cómo? Solo te retengo.
Me puse en pie dejando escapar sus dedos.
–Discúlpame si lo que hago está mal.
Pasé un brazo tras su espalda, luego el otro bajo sus rodillas, alzándola en brazos.
–¿Qué haces Etwhal? No debes.
Por primera vez ella se sonrojó.
–Ya lo había dicho. Si no puedes con ello aférrate a mí, tendré el doble de fuerza y el triple de voluntad por ambos.
Kwyer agarró con fuerza mi remera, afirmando su rostro en mi pecho. Di un par de pasos.
“Ya sabía que no pesaba nada, pero esto es demasiado, podría lastimarla si la apretó más a mi cuerpo”.
La sorpresa no pasaba de un susto, aún así continúe hasta la vereda.
–¿Ya puedes verlo, Kwyer? –le susurré al oído.
Ella levantó la cabeza y observo a los lados. Su rostro se iluminaba y su corazón se aceleraba al ver lo que la rodeaba.
De pronto se abrazó a mi cuello, apresurándose a ocultar su rostro tras él.
–¡¡Regresemos Etwhal!! –exclamó con cierto temor apretando mi cuello con mayor fuerza.
Sentí un mareo, me temblaban las piernas, así que no dude en acceder a su petición.
–Lo siento –se disculpó mientras la llevaba de regreso–, aún no estoy preparada para irme.
La bajé en su lugar habitual, mientras ella se abrazó a sus rodillas, escondiendo la cabeza.
–No te disculpes, yo lo siento. No debí forzarte.
Kwyer asintió, aferrándose con más fuerza a sus rodillas.
Ya había oscurecido por completo, no había mucha iluminación en la zona solo la luz que emergía de entre las nubes. El cielo se despejaba poco a poco, dejando ver a la brillante luna llena que se nos iba encariñando un poco más.
Mi celular comenzó a sonar al ritmo de “Sing in silence” de Sonata Arctica.
–Dame un momento, Kwyer.
Me levanté de prisa atendiendo la llamada, dando poco a poco unos pasos alejándome de ella.
–Alexander Bertrán, hay un incidente. La información le llegará en breve. Debes ir de inmediato.
Observé a Kwyer, no pude evitar desviar la mirada al reconocer que ella me veía con su rostro entre oculto.
–Comprendo. Iré de inmediato.
Colgué la llamada y volteé a verla.
–Perdón, Kwyer. Tengo trabajo que hacer, te prometo volver mañana.
Me incliné hacia ella juntando las manos, esperaba una reprimenda.
–Etwhal –Levanté la mirada–, ve con cuidado –dejó salir de su boca–. Espera –dijo cuándo voltee–. La próxima vez iré a tu lado, no en tus brazos.
Se me dibujó una sonrisa que hacia competencia con la tenue sonrisa que se le dibujo a ella.
–Lo esperare con ansias –respondí marchando a donde debía.

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